Cada 22 de abril se celebra a nivel mundial el Día de la Tierra, una jornada que invita a reflexionar sobre el estado actual del planeta, el impacto de las actividades humanas sobre los ecosistemas y la necesidad urgente de adoptar medidas sostenibles antes que sea demasiado tarde. Lo que comenzó en 1970 como una manifestación ambiental masiva en Estados Unidos, hoy se ha consolidado como un movimiento global que moviliza a más de mil millones de personas en más de 190 países, convirtiéndose en una de las fechas más importantes del calendario ambiental.
Esta conmemoración no solo busca generar conciencia, sino también fomentar la acción directa en la protección del medioambiente. Es un momento clave para evaluar nuestros hábitos, exigir políticas públicas responsables y promover soluciones innovadoras que puedan mitigar los efectos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la deforestación, la contaminación y la crisis del agua, entre otras problemáticas que afectan al planeta.
En nuestro país, el Día de la Tierra adquiere una relevancia particular debido a la alta vulnerabilidad del país frente a la crisis climática. De acuerdo con datos del Ministerio del Medio Ambiente (MMA), el 76% del territorio nacional está afectado por sequía, desertificación o degradación de suelos, lo que compromete no solo la biodiversidad, sino también la seguridad alimentaria, el acceso al agua y la calidad de vida de las comunidades.
Además, el MMA registra que Chile alberga 30.118 especies, de las cuales un 2,7% se encuentra en estado de amenaza, es decir, presentan al menos un 10% de probabilidad de extinción en menos de 100 años.
Esta cifra podría aumentar si no se toman medidas urgentes para conservar hábitats críticos y frenar las presiones humanas sobre los ecosistemas.
Según la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Chile cumple siete de los nueve criterios de vulnerabilidad climática, lo que lo posiciona entre los 10 países del mundo más vulnerables a los efectos del cambio climático. Esto se refleja claramente en fenómenos como la prolongada sequía que ha afectado a la zona central durante más de una década, con un déficit de precipitaciones que marca el periodo más seco en los últimos 60 años.

En este escenario de desafíos ambientales crecientes, el Centro de Tecnologías Ambientales (CETAM) de la Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM) ha desarrollado diversas líneas de investigación que buscan aportar soluciones basadas en ciencia aplicada e ingeniería. Entre sus múltiples aportes está el desarrollo de nuevas metodologías para la medición de contaminación por microplásticos en muestras de aire (aerosoles), nieve, aguas lacustres y oceánicas, así como la evaluación de la calidad fisicoquímica del agua, incluyendo la presencia de metales, utilizando membranas poliméricas de preconcentración para elementos traza en medio acuoso, una tecnología que permite obtener datos confiables de calidad ambiental de manera sostenible.
Una de las líneas más importantes de CETAM-UTFSM, ha sido desde sus inicios el estudio de la contaminación atmosférica y sus múltiples consecuencias, sobre la salud de las personas y los ecosistemas. En esta línea de investigación se han desarrollado múltiples proyectos, los que han generado variados productos y patentes de invención cuya finalidad son por cierto, su aplicación a los problemas que presenta, por una parte la industria nacional, así como los ministerios competentes, en su rol de fiscalización en el cumplimiento de la normativa ambiental vigente. Considerando en especial la vulnerabilidad de los ecosistemas de montaña, CETAM-UTFSM ha estado desde el año 2003 estudiando la interacción entre la contaminación atmosférica y la criósfera andina, específicamente en rol que juegan los aerosoles, como el black carbon (BC) y el polvo mineral (MD), en el derretimiento acelerado de los glaciares, la disminución del albedo y sus impactos sobre el ciclo hidrológico y el cambio climático, aspectos en los que Chile presenta gran vulnerabilidad.
Otra línea en la cual CETAM-UTFSM ha realizado aportes junto al Grupo de Agrobiotecnología del Centro de Biotecnología Daniel Alkalay Lowitt (CBDAL), ha sido en la búsqueda de soluciones basadas en la naturaleza, un ejemplo de ello ha sido la utilización de hongos filamentosos que se han encontrado y seleccionado de la zona industrial de Puchuncaví-Ventanas para solucionar el problema de suelos contaminados con metales pesados. Estos hongos, nativos de esta zona contaminada, han evolucionado bajo una alta concentración de metales pesados, desarrollando mecanismos para su supervivencia, característica que hemos identificado y utilizado justamente para potenciar estas capacidades y así aplicarlos a otros suelos contaminados con metales pesados de origen minero-industrial. Otro ejemplo de colaboración entre centros de la UTFSM es el proyecto de recuperación de suelos post incendio, abordando las alteraciones físico-químicas del terreno y sus posibilidades de restauración ecológica mediante la utilización de consorcios de microrganismos, donde puedan colaborar hongos y bacterias, generando una restauración acelerada de los suelos afectados después de los cada vez más frecuentes incendios forestales, los que se han incrementado debido al aumento progresivo de la temperatura y las olas de calor, otra de las vulnerabilidades que Chile enfrenta con el cambio climático. Estos estudios son esenciales frente al aumento de incendios forestales que afectan zonas de alto valor ecológico y biodiversidad, muchas de ellas habitadas por especies clasificadas como vulnerables, en peligro o en peligro crítico.
Asimismo, el centro ha desarrollado numerosas campañas de monitoreo, en diversos entornos ambientales, desde la zona norte del país, en el desierto de Atacama, hasta la Antártica. Destaca en este sentido el proyecto FNDR que se está desarrollando con el GORE- Atacama, en donde se está levantando una línea de base para mercurio (Hg) y otros metales pesados provenientes de la actividad minera de la zona asociada, tanto a la explotación de cobre, como de oro y plata. El proyecto ha concentrado sus esfuerzos en evaluar el impacto que tienen los residuos mineros abandonados, como los relaves provenientes de la minería, específicamente se ha medido Hg y otros metales en muestras atmosféricas (materia particulado resuspendido- MPS), muestras de relaves, suelo, agua (superficial y subterránea), sedimentos y plantas. Además, se están proponiendo las tecnologías más adecuadas y actuales para desarrollar una actividad minera más sostenibles, con la intención de minimizar los efectos de esta contaminación. Esto también se desarrolla en el marco del convenio de MINAMATA sobre protección y minimización de las fuentes de Hg, convenio del cual Chile es miembro.
En el otro extremo del continente, CETAM-UTFSM, ha desarrollado varios proyectos financiado por el Instituto Antártico Chileno (INACH), participando de las Expediciones Científicas Antárticas, con investigaciones centradas en como los aerosoles atmosféricos, específicamente el BC y MD, así como otros contaminantes atmosféricos gaseosos que interactúan o impactan las superficies de nieve y hielo del polo sur, ya sea que estos aerosoles sean de origen local o hayan sido capaces de llegar desde otras latitudes, trasportados por la circulación atmosférica. El objetivo de estas investigaciones es la medición de la composición del aire y comprender su vínculo con fuentes naturales y antropogénicas de contaminación. Estos estudios contribuyen a entender mejor el futuro de una de las zonas más sensibles al cambio climático como es la Antártica y sus efectos sobre el futuro del planeta. Estos proyectos desatacados, son solo algunos de los muchos temas de investigación y proyectos asociados en los que CETAM está trabajando, todos ellos con la finalidad de lograr una mejora en la salud de la población y los ecosistemas, avanzando hacia una sociedad más sustentable y responsable con el medioambiente.
“Desde CETAM creemos firmemente en el rol que tiene la ciencia y la ingeniería para diagnosticar y enfrentar los problemas ambientales del país. Nuestro trabajo apunta a entregar información técnica rigurosa que pueda ser utilizada tanto por la academia como por tomadores de decisiones y organismos públicos, para diseñar las medidas de mitigación y control de la contaminación ambiental, proponiendo soluciones prácticas y costo efectivas para lograr estos objetivos”, señala el Dr. Francisco Cereceda, director del CETAM-UTFSM y Prof. Titular de Depto. de Química de la misma universidad.
Además de su labor investigativa, CETAM-UTFSM impulsa de forma constante seminarios, encuentros técnicos y charlas científicas, con el fin de compartir hallazgos, debatir metodologías y fomentar la colaboración interdisciplinaria.
Estos espacios permiten no solo visibilizar investigaciones relevantes, sino también generar redes de trabajo entre investigadores, académicos, estudiantes, representantes de la industria y el Estado, así como con las comunidades afectadas, fortaleciendo así el vínculo entre la ciencia y la ciudadanía.
Este 22 de abril, el mensaje es claro: no basta con conmemorar el Día de la Tierra como una efeméride simbólica o como una fecha que aparece cada año en el calendario. Hoy, más que nunca, es necesario traducir esa conciencia ambiental en transformaciones reales, colectivas y sostenidas. La gravedad de la crisis climática, la pérdida acelerada de biodiversidad y la presión constante sobre los recursos naturales exigen más que buenos deseos: demandan compromiso, información y acción.
Actuar por la Tierra implica revisar y cambiar nuestras decisiones cotidianas. Reducir el consumo de plásticos de un solo uso no es un gesto menor, sino una contribución directa a la protección de los océanos y los ecosistemas costeros. Optar por medios de transporte sostenibles, como la bicicleta o el transporte público, ayuda a disminuir la huella de carbono, a descongestionar nuestras ciudades, a emitir menos gases de efecto invernadero y a cuidar nuestros glaciares disminuyendo la concentración de BC. Elegir productos locales, apoyar economías circulares y repensar nuestros hábitos de consumo son formas concretas de aportar a un modelo más justo, regenerativo y sustentable.
Pero también es necesario exigir responsabilidad a los distintos niveles del Estado y del sistema productivo. La ciudadanía debe tener un rol activo en la promoción de políticas públicas más ambiciosas, basadas en evidencia científica y que respondan con urgencia al desafío ambiental al cual nos enfrentamos. La educación ambiental, la participación informada y la colaboración entre comunidades, academia, sector público y privado, son claves para avanzar hacia un cambio estructural.
“Desde el CETAM-UTFSM, reafirmamos nuestro compromiso con la generación de conocimiento trans- e inter-disciplinario, la educación ambiental y el impulso de espacios para reflexión que nos hagan avanzar hacia un futuro más justo, resiliente y sostenible. Porque cuidar la Tierra no es solo una tarea académica, ni un acto simbólico: es una responsabilidad colectiva que nos interpela a todos los habitantes de este planeta.
El futuro se construye desde hoy, con voluntad, con datos, con comunidad y con convicción….sin ciencia no hay futuro.” – Dr. Francisco Cereceda



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