A diez años de su adopción, el Acuerdo de París sigue siendo el pacto climático más relevante de nuestra era. El 12 de diciembre de 2015, en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), nació el Acuerdo de París, un tratado internacional que marcó un hito en la lucha global contra el cambio climático. Con 196 países firmantes, representa el primer compromiso universal y vinculante para combatir el calentamiento global, estableciendo metas comunes, pero con responsabilidades diferenciadas según las capacidades de cada nación. Su objetivo principal es limitar el aumento de la temperatura media del planeta muy por debajo de los 2 °C respecto a los niveles preindustriales, buscando no superar los 1.5 °C, un umbral crítico para evitar los impactos más catastróficos del calentamiento global.
Entre los países firmantes se encuentran las principales economías del mundo, como China, Estados Unidos y la Unión Europea, responsables del grueso de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. También están presentes naciones en desarrollo y pequeños estados insulares que enfrentan las consecuencias más severas del cambio climático, como inundaciones y pérdida de territorio debido al aumento del nivel del mar. Esta diversidad de participantes refleja la magnitud del desafío y la necesidad de una acción coordinada a nivel global.
Chile: Avances y desafíos desde 2015
Desde la adopción del Acuerdo de París, Chile ha mostrado un compromiso significativo con la acción climática. En 2020, actualizó su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC), estableciendo metas más ambiciosas, como alcanzar la neutralidad de carbono para 2050 y reducir sus emisiones totales de gases de efecto invernadero a 95 MtCO₂e para 2030. Estas medidas incluyen la eliminación gradual de las plantas de carbón, la expansión de energías renovables y la protección de ecosistemas estratégicos, como los humedales y glaciares.
Uno de los mayores logros ha sido el rápido crecimiento de las energías renovables. Chile ha pasado de depender en gran medida de combustibles fósiles en 2015 a convertirse en un líder regional en generación solar y eólica. En 2024, más del 30 % de la matriz energética del país proviene de fuentes renovables no convencionales, lo que refleja un cambio estructural en el sector energético.
En comparación con otras naciones, Chile destaca por su capacidad de aprovechar su geografía única para producir energía limpia. Sin embargo, sigue enfrentando desafíos en áreas como el transporte, que representa una gran parte de sus emisiones, y en la transición justa para comunidades dependientes de la minería y la generación termoeléctrica.
Comparativa internacional: El lugar de Chile en el escenario global
Si bien Chile ha liderado ciertos aspectos de la transición energética, su impacto en las emisiones globales es reducido en comparación con grandes emisores como China y Estados Unidos. China, por ejemplo, es responsable de casi el 30 % de las emisiones globales, pero también lidera la inversión en energías renovables, con un enfoque agresivo en energía solar, eólica y vehículos eléctricos. Por otro lado, Estados Unidos, tras reincorporarse al Acuerdo de París en 2021 bajo la administración Biden, ha lanzado programas ambiciosos como la Ley de Reducción de la Inflación, que incluye incentivos fiscales para tecnologías limpias y transición energética.
En contraste, países europeos como Alemania han liderado en la eliminación del carbón y la electrificación del transporte, aunque enfrentan desafíos para equilibrar su transición energética con la seguridad del suministro. Por su parte, pequeñas naciones insulares como Maldivas y Tuvalu han impulsado un enfoque de justicia climática, exigiendo a los países desarrollados mayores compromisos financieros para mitigar los efectos del cambio climático que ya están enfrentando.
Chile, aunque más pequeño en escala, ha logrado posicionarse como un ejemplo regional, demostrando cómo un país con recursos limitados puede implementar políticas climáticas efectivas. Su liderazgo en energías renovables y su participación en foros internacionales como la COP25, que presidió en 2019, destacan su rol proactivo en la lucha climática.
El CETAM y la ciencia al servicio del clima
En el ámbito científico, el Centro de Tecnologías Ambientales (CETAM) de la Universidad Técnica Federico Santa María ha jugado un papel clave en apoyar las políticas climáticas chilenas. Sus investigaciones sobre contaminación ambiental, microplásticos y glaciares, han brindado información crucial para la gestión sostenible de los ecosistemas costeros y montañosos. En un contexto donde la evidencia científica es fundamental para guiar las decisiones, el CETAM ha contribuido a posicionar a Chile como un referente en la integración de la ciencia en la formulación de políticas ambientales.
Un desafío global que requiere acción colectiva
El aniversario del Acuerdo de París resalta no solo los avances logrados, sino también la magnitud de los retos que quedan por enfrentar. Si bien países como Chile han mostrado que es posible avanzar hacia una economía baja en carbono, el éxito del tratado dependerá de la colaboración internacional y el cumplimiento de las promesas financieras y tecnológicas por parte de las principales economías del mundo.
A medida que los impactos del cambio climático se intensifican, queda claro que el Acuerdo de París no es solo un compromiso político, sino una necesidad moral y práctica para garantizar un futuro sostenible. Instituciones como el CETAM, junto con la voluntad de los gobiernos y la sociedad civil, serán esenciales para transformar estas metas en acciones concretas. El desafío sigue siendo monumental, pero los avances de los últimos años demuestran que el cambio es posible si se actúa con urgencia y determinación.



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