Cada 3 de julio se conmemora el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, una fecha que busca generar conciencia sobre uno de los problemas ambientales más persistentes de la actualidad: la contaminación por residuos plásticos y su transformación en micro y nanoplásticos, contaminantes emergentes que hoy se encuentran presentes en prácticamente todos los ecosistemas del planeta.

Aunque una bolsa plástica puede utilizarse durante apenas algunos minutos, su degradación completa puede tardar décadas o incluso siglos. Durante ese proceso, la acción de la radiación solar, el viento, el oleaje y los cambios de temperatura fragmenta el material en partículas cada vez más pequeñas conocidas como micro y nanoplásticos, definidos como fragmentos menores a cinco milímetros y menores a nanómetros, respectivamente (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente [PNUMA], 2023).

La magnitud de esta problemática queda reflejada en las cifras globales. Se estima que más de cinco billones de fragmentos plásticos, con un peso superior a las 250 mil toneladas, flotan actualmente en los océanos del mundo (Eriksen et al., 2014). Estos residuos no solo alteran los ecosistemas marinos, sino que también pueden fragmentarse y transformarse en micro y nanoplásticos capaces de dispersarse a través del agua, el suelo e incluso la atmósfera.

Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta contaminación es la denominada Gran Mancha de Basura del Pacífico (Great Pacific Garbage Patch), una gigantesca zona de acumulación de residuos ubicada entre California y Hawái. Contrario a la imagen de una isla sólida de basura, se trata de una extensa región donde las corrientes oceánicas concentran millones de fragmentos plásticos suspendidos en la superficie del océano.

Un estudio publicado en la revista Scientific Reports estimó que esta zona contiene aproximadamente 1,8 billones de piezas de plástico distribuidas en una superficie cercana a los 1,6 millones de kilómetros cuadrados, equivalente a más de dos veces la superficie de Chile continental. Los investigadores calcularon además una masa total cercana a las 79 mil toneladas de residuos plásticos flotantes (Lebreton et al., 2018).

Aunque gran parte del peso de esta acumulación corresponde a redes de pesca abandonadas o perdidas, conocidas como redes fantasma, la contaminación está dominada por pequeños fragmentos plásticos. De hecho, cerca del 94 % de los objetos identificados corresponden a microplásticos, partículas de menos de cinco milímetros que se generan por la fragmentación de residuos plásticos de mayor tamaño (Lebreton et al., 2018). Debido a sus reducidas dimensiones, estos fragmentos pueden dispersarse ampliamente, ser ingeridos por organismos marinos e incorporarse a la cadena alimentaria.

Un problema global que alcanza a Rapa Nui

A pesar de encontrarse lejos de esta acumulación del Pacífico Norte, Rapa Nui enfrenta una problemática similar. Su ubicación en medio del océano Pacífico la expone permanentemente al transporte de residuos marinos provenientes de distintas regiones del planeta.

Investigadores que estudiaron la contaminación marina en la ecorregión de Rapa Nui identificaron que la isla se encuentra próxima a una zona de convergencia de plásticos del Pacífico Sur, donde las corrientes oceánicas favorecen la acumulación de residuos flotantes. El estudio concluyó que gran parte de los desechos presentes en el entorno marino de la isla provienen de fuentes ubicadas a miles de kilómetros de distancia, incluyendo actividades pesqueras e importantes centros urbanos costeros del Pacífico (Rech et al., 2019).

«La contaminación por plásticos es uno de los mejores ejemplos de cómo las actividades humanas pueden impactar ecosistemas ubicados a miles de kilómetros de distancia. Un residuo generado en una ciudad costera puede terminar afectando especies marinas en lugares tan remotos como Rapa Nui o incluso la Antártica», señala el Dr. Francisco Cereceda, director del Centro de Tecnologías Ambientales (CETAM) de la Universidad Técnica Federico Santa María.

Impactos sobre la fauna marina

La contaminación plástica representa una amenaza directa para numerosas especies marinas. Tortugas, aves oceánicas, peces y mamíferos marinos pueden ingerir fragmentos plásticos al confundirlos con alimento, provocando obstrucciones digestivas, lesiones internas y alteraciones en su nutrición.

Sin embargo, los efectos más complejos suelen estar asociados a los micro y nano plásticos. Debido a su reducido tamaño, estas partículas pueden ser consumidas por organismos microscópicos que constituyen la base de las cadenas alimentarias marinas. Posteriormente son transferidas a peces, crustáceos, aves y depredadores de mayor tamaño, permitiendo que el contaminante se “bioacumule y/o se bioaumente” alcanzando y distribuyéndose a través de todo un determinado ecosistema.

Además, diversos estudios han demostrado que los micro y nano plásticos pueden adsorber contaminantes químicos presentes en el ambiente, incluyendo compuestos orgánicos persistentes y metales pesados, actuando como vectores de transporte para otras sustancias potencialmente dañinas (PNUMA, 2023).

Microplásticos: un contaminante emergente bajo la mirada científica

Durante la última década, los microplásticos han dejado de ser una preocupación exclusivamente marina para convertirse en uno de los contaminantes emergentes de mayor interés para la comunidad científica internacional.

Actualmente se han detectado partículas plásticas en ríos, lagos, glaciares, nieve, aire atmosférico, aguas subterráneas e incluso en muestras biológicas humanas. Esta amplia distribución ha impulsado el desarrollo de nuevas investigaciones destinadas a comprender cómo se transportan estos contaminantes, cuáles son sus efectos sobre los ecosistemas y de qué manera interactúan con otros contaminantes presentes en el ambiente.

Estas interrogantes se relacionan directamente con diversas líneas de investigación desarrolladas en el Centro de Tecnologías Ambientales (CETAM) de la Universidad Técnica Federico Santa María, donde se estudian procesos vinculados a la contaminación ambiental, química atmosférica, contaminantes emergentes y monitoreo ambiental.

«Los micro y nano plásticos representan un desafío científico particularmente complejo porque son prácticamente invisibles para la población, pero están presentes en el aire, el agua, los suelos y los ecosistemas marinos. Comprender cómo se transportan y cuáles son sus efectos es fundamental para diseñar soluciones efectivas», agrega el Dr. Cereceda.

La creciente evidencia científica demuestra que los plásticos no desaparecen una vez que ingresan al ambiente. Por el contrario, continúan transformándose y desplazándose a través de distintos compartimentos ambientales, alcanzando incluso algunos de los lugares más aislados del planeta.

«Hoy sabemos que la contaminación no reconoce fronteras geográficas. La evidencia científica demuestra que incluso los ecosistemas más remotos del planeta como la criósfera andina y la Antártica están recibiendo la influencia de nuestras actividades, lo que refuerza la necesidad de avanzar hacia una gestión ambiental basada en ciencia y monitoreo permanente», concluye el investigador.

En este contexto, el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico constituye una oportunidad para reflexionar sobre un problema que trasciende el manejo de residuos visibles y que hoy involucra procesos ambientales complejos que continúan siendo estudiados por la comunidad científica. Comprender el origen, transporte e impacto de los micro y nano plásticos resulta fundamental para enfrentar uno de los desafíos ambientales más importantes del siglo XXI. Casi ya como un mantra que hemos repetido y seguiremos repitiendo en nuestros artículos, sin ciencia no habrá un futuro sin micro y nano plásticos.

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