Recolectar nieve, aire o agua en la Antártica es solo una etapa de una investigación. El trabajo de diseño, preservación, análisis e interpretación permite convertir esos registros en información científica confiable y muestra una dimensión poco conocida de las expediciones del CETAM.

Una muestra de nieve obtenida en la Antártica puede parecer un material sencillo de estudiar. Sin embargo, para conocer qué compuestos químicos contiene y en qué concentraciones, los investigadores deben resolver una serie de preguntas antes, durante y después de recogerla. Elegir correctamente el lugar de muestreo, evitar que el material se contamine al manipularlo y conservar sus características hasta el análisis son decisiones que pueden determinar la validez del resultado.

Cada 6 de noviembre, Chile conmemora el Día de la Antártica Chilena. La fecha recuerda el decreto de 1940 que fijó los límites del Territorio Chileno Antártico y constituye también una oportunidad para conocer el trabajo científico que el país desarrolla en el continente. En el caso del Centro de Tecnologías Ambientales (CETAM) de la Universidad Técnica Federico Santa María, una parte de ese trabajo consiste en estudiar contaminantes presentes en la atmósfera, la nieve y otros componentes ambientales.

La investigación empieza antes de llegar al continente

Las Expediciones Científicas Antárticas organizadas por el Instituto Chileno Antártico (INACH): ECA 59, ECA-60 y ECA 61, (2023-2025), en las que participó el CETAM, contemplaron la obtención de muestras de nieve, suelo, gases y aerosoles atmosféricos, además de mediciones relacionadas con las propiedades de la superficie nevada. Pero el interés de una muestra no depende únicamente de haber sido recogida en un lugar remoto. Para interpretarla es necesario saber por qué se seleccionó ese sitio, qué condiciones había en el momento de la recolección de la muestra y si existen mediciones comparables.

En un estudio de contaminación atmosférica, por ejemplo, no es equivalente muestrear junto a una instalación con actividad humana que hacerlo en un sector alejado de fuentes locales. La dirección del viento, la cercanía de rutas de tránsito, la precipitación reciente y la profundidad de la nieve también pueden ayudar a explicar las diferencias observadas. Por eso, el diseño de muestreo debe responder a una pregunta científica definida, en lugar de limitarse solo a reunir material, la campaña responde a una estrategia de muestreo y un diseño experimental previamente evaluado y cuidadosamente decidido.

Una pequeña contaminación puede cambiar el resultado

La nieve antártica suele contener concentraciones muy bajas de determinados compuestos químicos. En esas condiciones, las partículas que se desprenden de un guante, un instrumento o los materiales de un recipiente pueden introducir errores importantes. Los protocolos de investigación ambiental deben ser muy estrictos y recomiendan utilizar materiales ultralimpios e inertes, documentar el procedimiento y aplicar controles, entre ellos muestras en blanco, que permiten detectar posibles aportes de contaminación durante la recolección, el transporte o el análisis, entre otros (COMNAP y SCAR, 2000; Wendl et al., 2014).

La conservación de la muestra depende de los compuestos químicos que se pretende estudiar. Por ejemplo, para diversas mediciones de carbono negro en nieve se recomienda mantener las muestras congeladas hasta su procesamiento y evitar ciclos innecesarios de descongelamiento. Otros análisis pueden exigir filtración, recipientes o condiciones diferentes. Estas son prácticas descritas en la literatura científica; los procedimientos específicos utilizados en cada campaña del CETAM deben contrastarse con sus protocolos y registros de laboratorio.

Del material recogido a la información científica

Una vez en el laboratorio, comienza otra etapa. Según el objetivo del estudio, la muestra puede someterse a filtración, preparación química o análisis instrumental. Cuando se investiga la presencia de partículas absorbentes de luz, por ejemplo, interesa establecer cuánto material hay, qué propiedades presenta y cómo se diferencia de otros componentes, como el polvo mineral. En ese proceso también se revisan los controles de calidad y se comparan los resultados con el registro de terreno.

La interpretación requiere especial cuidado. Detectar carbono negro en la nieve no significa, por sí solo, haber identificado su fuente, ni demostrado cuánto contribuyó al derretimiento de la nieve o el hielo del lugar de estudio. Para avanzar hacia esas conclusiones hacen falta antecedentes complementarios, como mediciones de radiación, propiedades de la nieve y análisis del transporte atmosférico. La relación entre contaminantes y albedo, la capacidad de una superficie para reflejar radiación solar, se estudia precisamente mediante la combinación de distintas observaciones experimentales y modelos de comportamiento óptico de los aerosoles y la nieve.

El CETAM ha desarrollado investigaciones antárticas orientadas a comprender estas interacciones y a generar información sobre contaminantes que pueden alcanzar las regiones polares. En las expediciones recientes, el registro de muestras y mediciones constituye una línea de base única para contrastar condiciones entre lugares y campañas, y servirá para su evaluación en el futuro, permitiendo evaluar la evolución de los contaminantes en el tiempo. (CETAM, 2025).

La tarea científica de la expedición, por tanto, no termina con el retorno de un instrumento o las muestras en cadena de frío hasta Punta Arenas o Valparaíso. Continúa en la organización de registros, el análisis de laboratorio, la revisión crítica de resultados y su publicación. En el Día de la Antártica Chilena, seguir el recorrido de una muestra permite apreciar esa labor menos visible: la que convierte una observación de terreno en conocimiento que otros investigadores pueden examinar y utilizar. La difusión de esta información a la comunidad científica y a la sociedad es una piedra angular del avance científico. Porque sin ciencia no hay futuro.

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